Exigen liberar a dos indígenas poblanos presos por defender derecho al agua
¨Es neta huele impresionantemente feo, pero ps pobresillas:( , jajaja, no es lo suyo la higiene, lo bueno que ya casi termino y me voy a la office. ¨
La discriminación racial que aqueja a México como uno de sus más grandes prejuicios sociales y psicológicos, es a veces llevado hasta la cima de la estupidez. Los comentarios anteriores realizados en la red social de facebook por un jefe de brigada del programa de oportunidades de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) en Uruapan, Carlos Talavera Leal, rayan en la discriminación no sólo a un gran grupo de mexicanos desfavorecidos (más de 15 millones de indígenas) por el mismo partido que él apoya y lo sostiene en su puesto de trabajo, el PAN, sino al del gran mestizaje que somos la mayoría (más del 90%) de los mexicanos.
Habría que recordarle a este hombrecito y a muchos más de su partido PAN y a otro tanto de mexicanos, la nobleza e inteligencia de esos indios que discriminan y que ellos eran limpios y gustaban bañarse hasta tres veces al día. Claro, no había ni PAN ni PRI para exterminarlos:
La viruela y la gripe aliada de los conquistadores.
En términos de la devastación causada en las sociedades
medievales y modernas, la peste negra es solamente comparable
con la viruela. Sin embargo, la historia temprana de la viruela
presenta grandes dificultades para el historiador de la medicina, ya
que, es muy difícil establecer un diagnóstico diferencial entre la
viruela y otras enfermedades eruptivas de tipo febril, como el
sarampión, la varicela o la escarlatina, a partir de las descripciones
proporcionadas por los cronistas.
No cabe duda que conquistadores españoles contaron con un
inesperado, silencioso y mortal aliado que contribuyó notablemente al éxito de Cortés
y a la pronta caída de Tenochtitlán. Un soldado de la
expedición de Pánfilo de Narváez arribó a México enfermo de
viruela, enfermedad hasta entonces desconocida en
Mesoamérica. La falta de inmunidad natural a la viruela
permitió que ésta se extendiera rápidamente entre la
población indígena con desastrosas consecuencias para la
misma. En pocas semanas miles de indígenas sucumbieron
a la viruela; recordemos que el propio Cuitláhuac, penúltimo
emperador azteca, falleció por causa de esta enfermedad. Recientes estimaciones
epidemiológicas han llevado a postular que durante los primeros veinticinco años
posteriores a la Conquista más de un tercio de la población indígena sucumbió a la
viruela. Es probable que tal devastación natural haya contribuido en forma radical al
establecimiento del régimen colonial, explicando también en parte por qué imperios tan
poderosos y organizados como el azteca y el inca fueron borrados del mapa, sin
mayor oposición, en unos cuantos años.
El primer europeo sifilítico. Navegante genovés (1451-1506). Para Hayden, el almirante
fue el primer europeo sifilítico. Se contagió al mantener relaciones con las nativas de
La española. El Treponema pallidum, la sífilis, cruzó el Atlántico en su cuerpo y en el de decenas
de marineros como un polizón. Durante su tercer viaje, Colón se sintió aquejado de
dolores terribles, fiebre, insomnio... Afirmó que escuchaba voces en sueños, que se
sentía el enviado de Dios. Fue la venganza de las Américas a los excesos de los
españoles.
Motolinía, habla muchas veces de los indios de México con verdadero entusiasmo. En su Historia de los indios de la Nueva España, aunque se refiere generalmente a indios recién cristianos -la termina en 1541-, refleja también en buena parte lo que aquellos indios ya eran antes del Evangelio:
«Estos indios casi no tienen estorbo que les impida para ganar el cielo, de los muchos que los españoles tenemos, porque su vida se contenta con muy poco, y tan poco que apenas tienen con qué se vestir y alimentar. Su comida es paupérrima, y lo mismo es el vestido. Para dormir, la mayor parte de ellos aún no alcanzan una estera sana. No se desvelan en adquirir ni guardar riquezas, ni se matan por alcanzar estados ni dignidades. Con su pobre manta se acuestan, y en despertando están aparejados para servir a Dios, y si se quieren disciplinar [para hacer penitencia], no tienen estorbo ni embarazo de vestirse y desnudarse. Son pacientes, sufridos sobre manera, mansos como ovejas. Nunca me acuerdo haberlos visto guardar injuria; humildes, a todos obedientes, ya de necesidad, ya de voluntad, no saben sino servir y trabajar. Todos saben labrar una pared y hacer una casa, torcer un cordel, y todos los oficios que no requieren mucha arte. Es mucha la paciencia y sufrimiento que en las enfermedades tienen. Sus colchones es la dura tierra, sin ropa ninguna; cuando mucho tienen una estera rota, y por cabecera una piedra o un pedazo de madero, y muchos ninguna cabecera, sino la tierra desnuda. Sus casas son muy pequeñas, algunas cubiertas de un solo terrado muy bajo, algunas de paja, otras como la celda de aquel santo abad Hilarión, que más parecen sepultura que no casa».
«Están estos indios y moran en sus casillas, padres y hijos y nietos; comen y beben sin mucho ruido ni voces. Sin rencillas ni enemistades pasan su tiempo y vida, y salen a buscar el mantenimiento a la vida humana necesario, y no más. Si a alguno le duele la cabeza o cae enfermo, si algún médico entre ellos fácilmente se puede haber, sin mucho ruido ni costa, vanlo a ver, y si no, más paciencia tienen que Job...»
«Si alguna de estas indias está de parto, tienen muy cerca la partera, porque todas lo son. Y si es primeriza va a la primera vecina o parienta que le ayude, y esperando con paciencia a que la naturaleza obre, paren con menos trabajo y dolor que las nuestras españolas... El primer beneficio que a sus hijos hace es lavarlos luego con agua fría, sin temor que les haga daño. Y con esto vemos y conocemos que muchos de éstos así criados desnudos, viven buenos y sanos, y bien dispuestos, recios, fuertes, alegres, ligeros y hábiles para cuanto de ellos quieren hacer; y lo que más hace al caso es, que ya que han venido en conocimiento de Dios, tienen pocos impedimentos para seguir y guardar la vida y ley de Jesucristo». Y añade: «Cuando yo considero los enredos y embarazos de los españoles, querría tener gracia para me compadecer de ellos, y mucho más y primero de mí» (I,14, 148-151).
El Señor, «que enseña al hombre la ciencia, ese mismo proveyó y dio a estos Indios naturales grande ingenio y habilidad para aprender todas las ciencias, artes y oficios que les han enseñado, porque con todos han salido en tan breve tiempo, que en viendo los oficios que en Castilla están muchos años en los aprender, acá en sólo mirarlos y verlos hacer, han muchos quedado maestros. Tienen el entendimiento vivo, recogido y sosegado, no orgulloso ni derramado como otras naciones... Aprendieron a leer brevemente así en romance como en latín... Escribir se enseñaron en breve tiempo, y si el maestro les muda otra forma de escribir, luego ellos también mudan la letra y la hacen de la forma que les da su maestro». Todas las ciencias, artes y oficios -la música y el canto, la gramática y la pintura, la orfebrería, la imaginería o la construcción-, todas las aprendían de tal modo que con frecuencia superaban en poco tiempo a los maestros españoles (III,12-13, 398-411).
Ahora sólo leemos noticias como estas:

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