lunes, 12 de diciembre de 2011

La noticia y su contexto

La DEA lavó millones de dólares en México y el gobierno de Calderón no se enteró: Sota


La vocera de Felipe Calderón elogia, en cambio, la inteligencia civilque descubrió el caso Saadi Gadafi

Promete que se investigará con transparencia el escándalo causado por la agencia estadunidense


Periódico La Jornada
Lunes 12 de diciembre de 2011, p. 2
Washington, 11 de diciembre. Alejandra Sota, portavoz del presidente Felipe Calderón, negó hoy que el gobierno mexicano tuviera conocimiento de la operación de lavado de dinero de agentes de la Administración Federal Antidrogas (DEA por sus siglas en inglés) como parte de la lucha contra el narcotráfico. SIGUE leyendo la noticia en La Jornada.


Y ahora la segunda parte de: Ex agentes de la DEA y del MI5 británico, destapan la verdad sobre el tráfico de drogas:
En el año 1976, el coronel Lawrence Houston responde a una interpelación del senador Frank Church admitiendo que la CIA ha utilizado el servicio postal americano como “pantalla para otras actividades secretas”.
La pantalla era una empresa conocida con diferentes variaciones del nombre Pacific Corporation y que controlaba Air America, Southern Air Transport e Intermountain Air. A finales de los años setenta, estas compañías vendieron 45 aviones australianos de uso militar C-130 (algo prohibido en la legislación norteamericana) a unos, incipientes entonces, clanes colombianos. Gary Eitel, antiguo piloto de la CIA desde la guerra del Vietnam y el hombre que destapó este asunto a finales de los setenta, confesó que los aeropuertos utilizados para esta ruta eran los de Tucson (Arizona), Portland (Oregon) y Mena (Arkansas).
Esos sofisticados aviones serían empleados desde mediados de los años ochenta para la exportación de la cocaína desde Colombia a Estados Unidos, previa parada en Panamá. Según consta en la declaración jurada ante la comisión de asuntos de inteligencia del coronel Ed Cutolo (muerto en accidente en Inglaterra en 1980), personal de las fuerzas especiales fueron encargados de colocar balizas radar de manera
que pudieran volar a un altitud indetectable para los radares y llegar felizmente a Panamá. Estas operaciones secretas, conocidas por los nombres Watchtower, Pegasus y Amadeus estaban dirigidas por el entonces director general de la CIA, George Bush padre. Fue en aquella época cuando el aeropuerto de Mena (Arkansas) se convirtió en receptor de toneladas de cocaína, siendo Bill Clinton gobernador. Esta información ha sido corroborada por ex agentes de la CIA como Bill Tyree, Rodney Stich y Dois G. Tatum. El coronel Carone (el mismo que conservaba una carta de Bill Casey en la que reconocía la implicación de la CIA en el tráfico de drogas) es la mayor fuente sobre la operación Amadeus. Según pudo comprobar
personalmente Ruppert, en la agenda telefónica de Carone aparecían los nombres de destacadas figuras de la
CIA, como el propio Casey o Richard Stilwell. En sus últimos años de vida comentó a sus familiares que Amadeus era un paraguas para el lavado de dinero procedente de la droga, que iba a parar a las Bahamas
o las islas Jersey. Entre los actores principales de aquella obra aparecían nombres ilustres como Oliver North, John Poindexter o el máximo capo, George Bush padre. En algunas ocasiones esas operaciones incluyeron
el asesinato de agentes de la DEA, como Kiki Camarena en 1985. El socio de Carone, James
Robert Strauss, viajaba constantemente a lugares como Hong Kong, Kuala Lumpur, Londres, Lisboa o Madrid. La contra nicaragüense En una vista de 1998 ante el comité para el seguimiento de los servicios secretos, el inspector general Frederich Hitzs desgranó las vinculaciones entre la CIA, el narcotráfico y diversos grupos de lo que se llamó la contra nicaragüense. Según se demostró en esa comisión, sobre el funcionamiento de la CIA: “en seis casos, a pesar de tener conocimiento de que personas o grupos estaban involucradas en el tráfico de drogas, decidió no intervenir. En al menos dos de ellos, a pesar de tener pruebas no decidió hacer ninguna alegación o comprobación”. Según el propio inspector general Frederich Hitzs, a principios del año 1981 se produjeron unas negociaciones secretas con el Ministerio de Justicia por las cuales se procedía a cambiar el estatus de miles de colaboradores de la CIA por el de no empleados. La segunda parte de la conspiración, siempre según el inspector general Frederich Hitzs, consistió en exhonerar a la CIA de la culpa  por tráfico de drogas en el caso de los no empleados con los que pudiera, eventualmente, trabajar. En el año 1987, el ejecutivo de la CIA Robert Graves escribió un memorandum a su superior, Clair George, en el que calificaba de “insensatez”, colaborar en el tráfico de drogas. En esa misma carta, se hacía mención a diversos jefes de la contra nicaragüense como Jorge Morales y Edén Pastora, a quien la CIA intentó asesinar en varias ocasiones. En la declaración del ex agente de la DEA, Celerino Castillo, ante la comisión sobre inteligencia de las cámaras norteamericanas, se mencionó al coronel Oliver North como el responsable de un hangar en el Salvador donde se guardaba la droga. Al parecer, la guerra contra el sandinismo fue uno de los momentos en los que se tejieron las rutas de la cocaína, que partían de Colombia a Estados Unidos, vía Panamá y México.

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